Hace un par de días tuve el triste placer de vivir lo que se podría denominar como “el último vestigio de la Guerra Civil”. Sí, como lo “oyen”.
Estaba con una persona, que prefiero dejar en el anonimato, de una edad comprendida entre los 55 y 65. Me empezó a hablar de un lugar mientras me enseñaba fotos del mismo. ¿Saben cuando un niño explica algo? ¿Cómo lo hace, con ese tono y la manera de formar las frases: “…y luego fuimos y había…”? Bien.
Aquel acontecimiento me entristeció profundamente. Es triste ver como una persona que apenas pudo tener una educación escolar, y que a tan temprana edad tuvo que empezar a trabajar, puede comentar unas fotos.
Es indignante y muy frustrante ver que en este país, en el que siempre se tiene a Franco en la boca, los ciudadanos de a pie (ya no digo los gobiernos, que hacen lo que pueden) no hayan hecho nada por los que tuvieron menos que ellos.
Ellos que siempre se quejarán de lo mal que está, ha estado y estará este país. Los problemas se solucionan actuando (de manera pacífica) y no pensando en que el Caudillo tal y en que el Generalísimo cual.
¿Saben lo más gracioso? Sin duda, es que gobiernos de cualquier rama les hayan dado de todo a esa gente que tuvo, rascó y cuando no quedó nada, se fue.
Estoy hablando, por citar un ejemplo de tantos, de los “Niños de la guerra”, “los repatriados”, hablo de aquellos que vivieron en la antigua Unión Soviética. Es increíble que a ese tipo de gente, egoístas, les hayan dado hogar, ropa y demás, por venir de un país acabado.
Me indigna que esa gente haya sido acogida con tal caridad cuando los verdaderos “Niños de la guerra” son aquellos que vinieron a este país para levantarlo cuando estaba mal y que sólo han adquirido el nombre de aquellos que marcharon, ni siquiera el reconocimiento, agradecimiento, ni caridad que los otros obtuvieron por no hacer nada. En muchos casos, de hecho, estuvieron constantemente vigilados por el régimen del dictador, porque se podía sospechar, cabía la duda, de que fueran espías soviéticos.
Era sólo un ejemplo. Porque la verdad es que este país se va al garete moralmente. Sí, sólo hay que ver la actitud de ciertos políticos y la actitud de la ciudadanía.
Miren otro ejemplito: vendrán las elecciones y ocurrirá lo que nadie quiere que ocurra o vendrán a hacer encuestas y nuestro querido país aparecerá como el más optimista de toda Europa.
Y habrá personas que pregunten: ¿Por qué?
¿Mi respuesta? Sencilla. Mientras el “pepero” de turno se dedica a crear estúpidas teorías sobre temas de política nacional y los socialistas hacen lo que pueden, menos gobernar, la ciudadanía entretiene sus tardes viendo programas que no merecen un mínimo de audiencia.
Programas como uno nuevo, en el que aparecen personas que desean cambiar su imagen y la cadena costea las operaciones tras sopesar su solicitud y con la condición de grabar todo el proceso: el antes… el después... Ya saben.
En mi opinión lo que no se puede cambiar de manera natural, quizás, no se debería cambiar. De hecho, me parece un atentado contra la naturaleza. Uno más para el montón.
¡Esto también tiene guasa!: La canción que sale en el anuncio de dicho programa trata de, justamente, lo contrario. Dice textualmente: “eres/sois guapo/a/os/as, no importa lo que (ellos) digan…”.
Pero, ¿saben otra cosa? Personas como las que se dedican a ver ese tipo de programas y desean que a ellos también les paguen una operación de cirugía estética, no se dan cuenta de que el tiempo que invierten viendo la tele lo podían dedicar a hacer ejercicio o, mirándolo desde el lado económico, el dinero que gastan en tener la caja tonta encendida lo podían ahorrar y utilizar en pagarse su propia operación. Así no tendrían que pedir un crédito rápido.
Pero claro, la gente no piensa en eso. Es muchísimo más fácil quedarse en casita haciendo el vago. Y de ahí otro gran problema que empieza a afectar a nuestro sociedad: la obesidad. De eso sólo voy a culpar a los padres y a los propios jóvenes por falta de iniciativa en este caso, aunque se de en general.
En este país hay muchas cosas (porque no encuentro la palabra) que están demasiado mal. Y si no miren las manifestaciones de la Asociación de Víctimas del Terrorismo o las del P.P. en contra de lo que sea, ahí con sus banderitas con el águila y todo; ¿no les dará vergüenza?, no digo que todos, pero es bien sabido que ahí huele un poco a fascismo. Deberíamos hacer la Asociación de Victimas de la Hipocresía. Si es que con Franco no pasaba esto. Claro, como era la bandera que hondeaba en todos lados.
Si es que este país se ha quedado estancado en algunos pensamientos del tipo de Inmanuel Kant. El retraso de la mente humana es preocupante, nos hemos quedado, todos, atrás.
No somos el ombligo del mundo, sólo somos otro eslabón que piensa en la historia constantemente sin preocuparnos de lo que acontece. Díganme, ¿Cuántos minutos o segundos gastan al día en pensar en las guerras como algo malo y no como algo con que atacar al gobierno? ¿Cuántos en pensar en la pobre gente que murió en las distintas contiendas y genocidios del globo? ¡Da igual! No servirá de nada. Ya están muertos.
Aunque parezca que a veces pensar no sirve de nada, en estas tierras hace mucha falta.
Ya ven, mí querido país. Habrá gente que no valga mucho, pero sus paisajes, su comida, El Duende de las noches flamencas… son virtudes, que tiene, por las que merece la pena vivir aquí. Porque a palabras necias…